Hace ya un tiempecillo que no me paso por aquí.
Tampoco ha ocurrido mucho de especial importancia. El jueves pasado la familia al completo (Sara, Richard, Liam, Carin, Portia y yo) fuimos a ver 'Bugs Bunny at the Symphony' al National Arts Centre de Ottawa. Básicamente, el show consistía en una pantalla reproduciendo episodios de Bugs Bunny y otros Looney Tunes mientras una orquesta tocaba en directo. Puedo asegurar que fue lo mejor que he visto en mucho tiempo. La música era absolutamente maravillosa, y todos hemos visto alguna vez estos dibujos, así que no hace falta que explique lo genial de tal combinación. Es algo que merece la pena ir a ver.
El fin de semana, el viernes, fui a casa de Amanda después de clase y, antes de ponernos en marcha para ir a Chapters (la librería de aquí) nos encontramos a Johannes y se nos unió también.
Lo pasamos muy bien, aunque Johannes se perdió dos veces y Amanda y yo tuvimos que recorrer la tienda más veces de las deseadas hasta encontrarle.
El sábado, Sandra y yo fuimos a la Art Gallery de Ottawa. Aunque al principio pensé que sería gratis, mi gozo en un pozo. Seis dólares, pero mereció la pena. El museo en sí es enorme y el edificio es precioso. Además, hay un poco de todo y para todos los gustos, arte canadiense (ojo al dato: tienen tan poco que algunas salas eran muebles. Sí, exponían muebles, como sillas o cómodas. Voy a asaltar un Ikea y a abrir un museo de arte sueco, cuidao'), arte europeo, americano, contemporáneo, ¡incluso inuit!
La cosa es que mientras estábamos dentro del museo empezó a nevar, a nevar bien. ¡La primera nevada sobre la capital! ¡A 9 de noviembre!
Menos mal que está Tim Hortons y el French Vanilla calentito.
El domingo fue un día relajado, ¡e hice mermelada de frambuesa y arándanos!
El lunes, 11 de noviembre, celebramos lo que los canadienses llaman Remembrance Day. Recordamos a todos los soldados que sirvieron, sirven y servirán al país. También celebramos el fin de la Gran Guerra, hace ya 95 años.
He de admitir que para ellos ya será algo rutinario, pero para mí fue una experiencia nueva y el acto en sí fue muy emotivo (solté alguna que otra lagrimilla).
Es impresionante ver como todo el mundo luce la poppy, como todos se ponen de acuerdo y resuelven sus diferencias para honrar aquellos que dejaron sus casas y no volvieron y también a aquellos que regresaron para contarlo, pero que ya no fueron los mismos.
Dejémonos ya de sentimentalismos, que también me gustó porque me salté Inglés y Química.
Inglés porque tenía que ensayar con el coro (sí, cantamos en la ceremonia) y Química porque el acto se ofició de diez a once y cuarto.
La banda tocó O Canada.
Todo empezó con un discurso por parte de dos alumnos de mi curso (muy bien, Josie) y más discursos por parte de un veterano y su hijo, que había estado en Afganistán.
Luego más música, vídeos y fotos de la Gran Guerra, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Corea y las misiones de paz en Iraq y Afganistán.
Al final del todo cantamos nosotros. Nos salió muy bien (no es por presumir, pero sonamos realmente bien). Sin embargo, una parte de la canción era hablada y el chico encargado de ella se puso nervioso y se olvidó de sus frases. De todas maneras, estuvo muy bien y fue el broche final a una ceremonia, a mi parecer, fantástica.
Hace tiempo que no hablo de mis amigos aquí. Ya no estoy con el grupo con el que me juntaba antes, aunque a Rachel y a Pris las sigo viendo en Química. Sin embargo, ahora en esa misma clase hablo más con Robyn, que es de Texas y me ha prometido que haremos un muñeco de nieve juntas, y con Michael, del que me he hecho muy muy amiga en pocos días.
En clase de Inglés me junto con Amanda y Melissa.
En Antropología, con Zahra y Amy.
Y en Matemáticas ya sabéis que tengo a Johannes, pero ahora me siento con Michael.
Mis mejores amigos siguen siendo Johannes y Sandra, y una chica alemana llamada Helena de la que no sé por qué no hablé antes.
Estoy verdaderamente contenta, son todos personas maravillosas.
Sara me va a comprar unos esquís.
Y, por si las moscas, creó que algo de vidriagón aka obsidiana me haría falta por si empiezan a aparecer caminantes blancos.
Escribiré más si antes no me tienen que amputar los dedos. ¡Hasta pronto!



Seguro que la canción os quedó genial como guinda a ese acto tan emotivo. Por cierto, de amputaciones, ni hablar; como me prometiste has de volver con todos los dedos intactos.Un beso
ResponderEliminar