Diez meses en el norte son muchos meses. Pero, ¡qué narices! Vámonos a estudiar a Canadá, será divertido.

sábado, 31 de agosto de 2013

Mi Odisea particular.

Como ya he dicho, a las tres y media de la mañana nos fuimos para Barajas en autocar. Una vez en la terminal 2, nos pusimos en la cola para facturar nuestras maletas.
¡Y vaya cola! Cogíamos el vuelo a Ámsterdam todos los que íbamos en el primer vuelo a Toronto y los que iban en el de Vancouver.
En resumen, éramos muchísima gente y yo, como de costumbre, acabé última en la fila.
Aunque algunos tuvieron problemas con el peso, todos conseguimos facturar-¡aleluya!-antes de que despegara nuestro avión.
No fue un vuelo largo. Ya que no había descansado nada antes de partir, me dediqué a dormitar durante aquellas dos horas y media y cuando estuvimos en el aeropuerto holandés no podía con mi alma. Juro que con mi aspecto podría haber pasado por un figurante de The Walking Dead.
Sin embargo, una vez aterrizados no hubo mucho tiempo para contemplaciones. Teníamos una hora para atravesar todo el aeropuerto, pasar policía y seguridad y coger el avión a Toronto.
Afortunadamente, aunque yo no las tenía todas conmigo, llegamos a tiempo.
El avión era enorme, pero no lo bastante como para evitar que me muriera de asco durante las ocho horas y pico que duraba el vuelo.
Me dediqué a empezar películas que nunca acababa, a intentar dormir, a hablar con mis compañeros...
Y las azafatas no dejaban de traer comida. Básicamente por puro aburrimiento, comía todo lo que me traían. Me comí todo lo que no debía a las horas que no debía.
Cuando puse los pies en territorio canadiense, tenía ganas de vomitar.
Estaba agotada, pero de repente, ¡sorpresa! volvía a ser la una de la tarde.
He viajado en el tiempo.
Y así me encontraba yo, medio enferma, nerviosa, cansada y esperando en inmigración.
No sería más de hora y media lo que estuvimos allí sentados.
La hora y media más larga de mi vida.
Después de eso, cogimos las maletas para volverlas a facturar para nuestro vuelo a Ottawa.
Seguía sintiéndome mal, pero poco a poco mi estómago se asentó y todo se solucionó cuando descubrí que podría ver El Gran Gatsby durante mi vuelo.
Se hizo muy ameno y en nada estaba en Ottawa.
Puede que no parezca nada resumido en unos cuantos párrafos, pero os aseguro que no tengo muchas ganas de repetir.
Mañana empezamos con la familia y mi nueva vida canadiense.
Todo acaba de comenzar.

La pasta vegetariana empaquetada está buena.

viernes, 30 de agosto de 2013

Todo empieza en Madrid.

El lunes 26 de agosto me dirigí, junto a algunos de mis Spanadians, al NH Parque Avenida, en Madrid.
¡Dos días en un hotel antes de irnos sin sentido alguno! Al principio fue eso lo que pensé. Me iría a Canadá, y me quería ir cuanto antes. Para colmo, nuestros padres no podrían despedirnos en el aeropuerto.

Al final aquellos dos días resultaron maravillosos. Se hizo corto, pero fue intenso.
Pude conocer a mucha gente increíble con la que compartiría experiencia y pudimos darnos ánimos entre nosotros antes de comenzar la gran aventura.
El primer día, justo después de llegar, pudimos bajar a la piscina mientras esperábamos a que todos nuestros compañeros llegaran desde sus diferentes destinos en el territorio español.
Como ya he dicho, fueron apenas unas horas (porque no dio para mucho más) las que estuvimos juntos, pero me di cuenta de todo lo que tenía en común con toda esa gente y lo genial que es conocer chicos como yo de todas partes de España.
Sin embargo, también hubo una parte mala, que se resume en reuniones de más de dos horas que más que servirnos de ayuda nos servían para ponernos aún más nerviosos.
Haciendo honor a su nombre, gracias a Amancio Ortega, todo fue increíblemente pijo y muy de señoritingos.
Fotógrafos, carpas para nosotros solos dentro del hotel, ¡incluso compartimos una comida con el embajador canadiense!
Mucho discursito y regalitos, pero el día 28 a las tres de la mañana tenía que estar en recepción para coger mu avión.
Pero dejemos el tema del viaje para otra ocasión.

Para animaros a continuar, tan sólo decir que fueron tres aviones y que una que yo me sé casi fallece esperando en inmigración.

jueves, 29 de agosto de 2013

Vayamos por partes.

Y no nos agobiemos. Han pasado mucha cosas muy emocionantes y nuevas desde que escribiera la última entrada,  y ya que no quiero saltarme nada para que estéis bien informaditos, durante este fin de semana publicaré entradas sobre todas las cosas por la que he pasado. El miércoles empiezo el instituto, espero teneros actualizados para entonces.
*wink* BBBBBBBBBBYEEEEEEEEEEEEEE

jueves, 22 de agosto de 2013

Ahora es cuando de verdad me gustaría ser Mary Poppins.

Además de porque con ese paraguas podría llegar en Canadá en un pis pás, por ese bolso tan maravilloso que no tiene fondo.
Porque explicadme, por favor, como puedo arreglármelas con una maleta de veintitrés kilos para diez meses fuera.
Ya he empezado, ¡al fin! Me quedan aquí cuatro días de nada.
No sé que llevarme y qué no. ¡Es que hace tantísimo frío! Nada de abrigo, que ya me lo compraré allí. También tengo la idea en mente de hipotecar a mi madre para que me compre unas preciosas botas que, además de ser femeninas, no me hagan parecer que me voy de alpinismo al Everest y me mantengan los pies calentitos.
¡Cuidadín! Que eso de que te tengan que amputar los dedos no es tan raro.
Si pasa algo, espero que no sea el pulgar, no quiero quedarme coja para toda la vida.
Mejor el meñique, que sólo sirve para golpearse contra los muebles.





martes, 13 de agosto de 2013

Aquí estamos.

Y, para ser más exactos, son 5696 kilómetros. Debería haber creado esto antes, pero, seamos sinceros, es verano y mis ganas de empezar nada eran nulas. Y, bueno, quedan días contados.
¡Que me voy a Canadá! No estoy nerviosa porque creo que aún no lo he asimilado. Mi yo interior no está plenamente convencida de que en 12 días (¡12 malditos días!) me vaya a ir a Ottawa un año entero.
Pues, subconsciente, vete haciendo a la idea.
¡Emoción, intriga, dolor de barriga! Diez meses. ¡DIEZ MESES!
Si es que en el fondo soy una valiente.
Aún no he empezado la maleta. Y en el fondo no quiero empezar.
Vale, ¿he dicho que no estaba nerviosa?
Mentía. Escribir esto me va a provocar una taquicardia.

Para resumir, en este blog contaré como me va yendo la aventura. Procuraré ser correcta teniendo en cuenta de que mi familia va a leer esto. Familia, si se me escapa algo poco adecuado, ¡lo siento! Os voy a echar mucho de menos.

Amigos queridos, no me extrañéis demasiado. Sé que soy irreemplazable, pero mandaré regalos-¡lo juro! Queredme.

Spanadians, días para conocernos. No nos hemos visto aún los caretos, pero somos como una gran familia. Hay que apoyarse los unos a los otros...

No os fiéis de los alces.

Buenas noches.