El lunes 26 de agosto me dirigí, junto a algunos de mis Spanadians, al NH Parque Avenida, en Madrid.
¡Dos días en un hotel antes de irnos sin sentido alguno! Al principio fue eso lo que pensé. Me iría a Canadá, y me quería ir cuanto antes. Para colmo, nuestros padres no podrían despedirnos en el aeropuerto.
Al final aquellos dos días resultaron maravillosos. Se hizo corto, pero fue intenso.
Pude conocer a mucha gente increíble con la que compartiría experiencia y pudimos darnos ánimos entre nosotros antes de comenzar la gran aventura.
El primer día, justo después de llegar, pudimos bajar a la piscina mientras esperábamos a que todos nuestros compañeros llegaran desde sus diferentes destinos en el territorio español.
Como ya he dicho, fueron apenas unas horas (porque no dio para mucho más) las que estuvimos juntos, pero me di cuenta de todo lo que tenía en común con toda esa gente y lo genial que es conocer chicos como yo de todas partes de España.
Sin embargo, también hubo una parte mala, que se resume en reuniones de más de dos horas que más que servirnos de ayuda nos servían para ponernos aún más nerviosos.
Haciendo honor a su nombre, gracias a Amancio Ortega, todo fue increíblemente pijo y muy de señoritingos.
Fotógrafos, carpas para nosotros solos dentro del hotel, ¡incluso compartimos una comida con el embajador canadiense!
Mucho discursito y regalitos, pero el día 28 a las tres de la mañana tenía que estar en recepción para coger mu avión.
Pero dejemos el tema del viaje para otra ocasión.
Para animaros a continuar, tan sólo decir que fueron tres aviones y que una que yo me sé casi fallece esperando en inmigración.
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