Además de porque con ese paraguas podría llegar en Canadá en un pis pás, por ese bolso tan maravilloso que no tiene fondo.
Porque explicadme, por favor, como puedo arreglármelas con una maleta de veintitrés kilos para diez meses fuera.
Ya he empezado, ¡al fin! Me quedan aquí cuatro días de nada.
No sé que llevarme y qué no. ¡Es que hace tantísimo frío! Nada de abrigo, que ya me lo compraré allí. También tengo la idea en mente de hipotecar a mi madre para que me compre unas preciosas botas que, además de ser femeninas, no me hagan parecer que me voy de alpinismo al Everest y me mantengan los pies calentitos.
¡Cuidadín! Que eso de que te tengan que amputar los dedos no es tan raro.
Si pasa algo, espero que no sea el pulgar, no quiero quedarme coja para toda la vida.
Mejor el meñique, que sólo sirve para golpearse contra los muebles.

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