Como ya he dicho, a las tres y media de la mañana nos fuimos para Barajas en autocar. Una vez en la terminal 2, nos pusimos en la cola para facturar nuestras maletas.
¡Y vaya cola! Cogíamos el vuelo a Ámsterdam todos los que íbamos en el primer vuelo a Toronto y los que iban en el de Vancouver.
En resumen, éramos muchísima gente y yo, como de costumbre, acabé última en la fila.
Aunque algunos tuvieron problemas con el peso, todos conseguimos facturar-¡aleluya!-antes de que despegara nuestro avión.
No fue un vuelo largo. Ya que no había descansado nada antes de partir, me dediqué a dormitar durante aquellas dos horas y media y cuando estuvimos en el aeropuerto holandés no podía con mi alma. Juro que con mi aspecto podría haber pasado por un figurante de The Walking Dead.
Sin embargo, una vez aterrizados no hubo mucho tiempo para contemplaciones. Teníamos una hora para atravesar todo el aeropuerto, pasar policía y seguridad y coger el avión a Toronto.
Afortunadamente, aunque yo no las tenía todas conmigo, llegamos a tiempo.
El avión era enorme, pero no lo bastante como para evitar que me muriera de asco durante las ocho horas y pico que duraba el vuelo.
Me dediqué a empezar películas que nunca acababa, a intentar dormir, a hablar con mis compañeros...
Y las azafatas no dejaban de traer comida. Básicamente por puro aburrimiento, comía todo lo que me traían. Me comí todo lo que no debía a las horas que no debía.
Cuando puse los pies en territorio canadiense, tenía ganas de vomitar.
Estaba agotada, pero de repente, ¡sorpresa! volvía a ser la una de la tarde.
He viajado en el tiempo.
Y así me encontraba yo, medio enferma, nerviosa, cansada y esperando en inmigración.
No sería más de hora y media lo que estuvimos allí sentados.
La hora y media más larga de mi vida.
Después de eso, cogimos las maletas para volverlas a facturar para nuestro vuelo a Ottawa.
Seguía sintiéndome mal, pero poco a poco mi estómago se asentó y todo se solucionó cuando descubrí que podría ver El Gran Gatsby durante mi vuelo.
Se hizo muy ameno y en nada estaba en Ottawa.
Puede que no parezca nada resumido en unos cuantos párrafos, pero os aseguro que no tengo muchas ganas de repetir.
Mañana empezamos con la familia y mi nueva vida canadiense.
Todo acaba de comenzar.
La pasta vegetariana empaquetada está buena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario