Diez meses en el norte son muchos meses. Pero, ¡qué narices! Vámonos a estudiar a Canadá, será divertido.

martes, 3 de septiembre de 2013

La pereza me puede.

Ayer dije que subiría más entradas. Y bien, algo tarde y muy apurada de tiempo porque mañana empiezo el instituto, aquí estoy de nuevo.
Para resumir un poco, el viernes hicimos un examen de cinco horas de inglés y matemáticas.
El de inglés fue bastante bien, hubo tres partes: una redacción, un texto con preguntas y un examen de conversación.
El problema vino con el de matemáticas. Como se habían entretenido más de la cuenta con las entrevistas, tuve apenas cuarenta minutos para hacer un examen de seis caras.
No voy a mentir, no era difícil. Es más, todo lo que ahí me preguntaban lo había dado yo este curso pasado.
Pero resulta que, gracias al verano, mi mente había decidido, de un plumazo, borrar todos y cada uno de mis conocimientos sobre matemáticas.
¡Que se me daba bien la trigonometría! Sí, hace seis meses se me daba de maravilla.
Así que sí, todo bastante catastrófico.
Pero, suerte la mía, todos los españoles de la beca destinados al mismo distrito estaban allí conmigo, y pudimos aliviar tensiones y reírnos un rato.
Después del examen, tuvimos una pequeña orientación y la comida (juro que me va a salir la pizza por las orejas).
Nos dieron a cada uno un papel donde figuraba la fecha en la que debíamos asistir al instituto por primera vez para elegir asignaturas, horarios, bla, bla, bla.
Yo era la única cuya cita era el 4 de septiembre.
Las clases empezaban el 3.
¡Estupendo!
Pero no me desanimé.
Al fin y al cabo, no era culpa mía, que lidiaran ellos con mis problemas de adaptación.
Quiero seguir escribiendo sobre mi primer fin de semana canadiense, pero lo haré en otra entrada.
¡Juro que me voy a poner las pilas con esto!
Cuando lo acabe, me lo van a publicar. Já.

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