Diez meses en el norte son muchos meses. Pero, ¡qué narices! Vámonos a estudiar a Canadá, será divertido.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

¡Miércoles, juega con tu comida!

Por si os lo estábais preguntando, el título de la entrada es totalmente aleatorio.
Hoy ha sido miércoles y siempre me ha hecho mucha gracia la familia Adams.

Al lío.
¡Primer día de clase!
Me levanté a las cinco de la mañana de lo nerviosa que estaba.
Mi cita para la orientación/aún más papeleo/elige tus malditas asignaturas de una vez, supuestamente, era a las ocho y media.
¡Una aplauso a la increíble organización del distrito escolar!
Llegué con Richard tan alegre (tenía que ir acompañada de un adulto) y van y me dicen que hasta las diez de la mañana, nada.
Odín estaba claramente en mi contra.
Así que viva mi buena suerte. ¡Día de llevar a tu estudiante extranjera no escolarizada al trabajo!
Richard me llevó a su oficina y para matar el tiempo me  hizo un truco de magia. Un truco de magia.
Y me presentó a sus compañeros, muy majos por cierto.
Por fin, a las diez, pudimos hablar con la subdirectora de mi centro y me ayudó a elegir asignaturas.
Luego le tocó el turno a mi orientadora y rematamos el horario.
Aquí en Canadá, las cosas funcionan de esta manera: tienes ocho asignaturas, cuatro por semestre.
El primer simestre, sin posibilidad de cambio, tengo Matemáticas, Francés, Química e Inglés.
Ya hablaremos del segundo semestre en su momento.
Son muy raros para eso de los horarios, por cierto. Es complicado y como empiece a explicarlo esto se va a alargar más que los capítulos en Los Miserables sobre el sistema de alcantarillado parisino.
Cuando por fin tuve en mis manos el preciado folio donde estaba impreso mi horario casi me echo a llorar.
Vale, no. Pero no os podéis imaginar el alivio que sentí.
Me preguntaron si quería esperar al día siguiente para empezar las clases.
Sí, y qué más.
Empecé en cuanto acabó la hora de la comida.
Una horita de matemáticas y otra horita de francés.
Creo que me voy a cambiar de clase de francés, pero aún no estoy muy segura.
Muchos de mis compañeros en esa clase no sabían ni decir la fecha.
Por el contrario, temo que inmersión francesa acabe conmigo.
Y para eso ya tengo Química y Matemáticas.
Sandra es mi amiga mexicana y Johannes mi amigo belga y de momento las cosas están así. Pero muy bien. No estoy sola y Portia me acompaña a todas las clases y me espera a la salida de éstas para que no me pierda en los pasillos llenos de gente.
Aún estoy decidiendo qué hacer con mi taquilla.

Por la tarde fui a comprar material para mis clases y todo es carísimo. Me dolió soltar hasta el último centavo (pagué con tarjeta, pero, ah, eso ha sonado taaan americano).

A la hora de la cena me equivoqué de lata: creyendo que estaba cogiendo Coca Cola light, me encontré con el peor refresco que he probado en la vida.

Sabor pasta de dientes. Lo juro. Era como beberse la maldita pasta de dientes.

Me voy a ir pronto a dormir.

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