Diez meses en el norte son muchos meses. Pero, ¡qué narices! Vámonos a estudiar a Canadá, será divertido.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Wipe off that angel face and go back to high school...

Los canadienses son canadienses y orgullosos están de serlo; pero, ea, están rodeados de americanadas.
El instituto. Fui a una pequeña orientación el jueves por la mañana.
Ahora bien, imagináos el típico instituto de las pelis, con taquillas, clases materia y grandes aulas dedicadas a distintos talleres; teatro, arte, cocina, cafetería, autobuses amarillos...
Calcado.
"No, es que nosotros somos NORTE americanos. No tenemos nada que ver con nuestros vecinos. Ew. Qué ofensa."
¿En serio? ¿En serio?
Pero no lo pongamos todo en su contra. Los canadienses son muy buena gente.
En esta orientación nos reunimos en el gimnasio todos los alumnos nuevos que íbamos a estudiar este año en el Sir Wilfrid Laurier. Una chica muy maja llamada Han que acababa de graduarse, fue la que se encargó de mi grupo, los de undécimo.
Hicimos pequeñas actividades entre nosotros, y pude conocer a una chica mexicana, a un paisano de Burgos, a un chico belga...
Muy internacional todo, muchas risas y tal hasta que llega la hora de repartir horarios y... ¡tachán!
Irene es la única cuyo horario está totalmente en blanco.
Imagináos mi sorpresa y la cara de atontada que se me debió quedar.
Dejadme explicaros: yo sabía perfectamente que mi horario estaría vacío, aún no me habían pedido que eligiera asignaturas.
Lo que me chocó fue que todos a mi alrededor ya lo habían hecho. Allí estaba yo, con mi papel vacío, y fui a hablar con la monitora y con Han.
Muy amablemente, una chica de mi curso, Sabrina, se ofreció a acompañarme a secretaría (o lo que fuera) para averiguar qué narices había pasado conmigo.
La cosa era esta: al día siguiente debía hacer un examen (tranquilos, ya sabía que tenía que hacerlo), y según mis resultados podría elegir unas asignaturas u otras. Hasta entonces, rien de rien.
Me dijeron que seguramente no podría empezar el curso el día 3, como todo el mundo, y aunque me aseguraron que no había ningún problema, yo me empecé a preocupar. Llegaba nueva, extranjera, y encima a destiempo. Yupi.
Afortunadamente, Sara llegó y se las arregló para que pudiera elegir unas asignaturas provisionales y así no quedarme sin plaza. Tendría que empezar después igualmente, pero me quedé más relajada.
De vuelta a casa, me dio ánimos para que no me pusiera nerviosa con el examen del día siguiente, y que seguro lo haría de maravilla.
Como podréis averiguar, no me fue de maravilla.
Creo que ya he escrito bastante. Me veo con muchas cosas que contar y poco tiempo, así que subiré otra entrada más tarde. xx.

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