Diez meses en el norte son muchos meses. Pero, ¡qué narices! Vámonos a estudiar a Canadá, será divertido.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Only miss the sun when it starts to snow (¡y tanto!)

¡Que ya es Navidad! Es oficial desde que esta tarde pusiéramos el árbol y Ayla lo coronara con un ángel hecho de cartón.
Pero una Navidad blanca significa también mucho frío, y durante estas semanas la temperatura ha llegado a bajar hasta la friolera de -28 grados. Afortundamente, aquí hay calefacción en todas partes. Eso sí, en cuanto sales a la calle es cuestión de minutos empezar a notar como todo tu cuerpo pierde sensibilidad poco a poco.
Por eso he decidido encerrarme en casa durante todo el invierno a ver series y películas.
Downton Abbey es absolutamente genial y Sandra y yo dedicamos nuestras tardes a ver un episodio tras otro. Lamentablemente, sólo hay 4 temporadas.

El colegio se acaba en cuatro días. Estas fiestas me llevan a Toronto, cosa que difiere bastante de mi destino habitual, Albacete.

Seguramente haya más cosas que contar, pero ahora no se me viene nada más a la cabeza.
Sigo hablando inglés, comiendo todo lo que no debería y resumiendo Macbeth para mis amigos por WhatsApp cuando están durmiendo y yo no tengo nada mejor que hacer.

Me despido porque se me está quedando dormida la mano izquierda.
Besos.


martes, 3 de diciembre de 2013

And since we've no place to go...

Esto anda más muerto que Ned Stark.
Pero he decidido seguir adelante. No quiero dejar de lado el blog, pues ya es algo personal continuar este pequeño diario hasta el fin de mi estancia en Canadá.
El invierno está definitivamente presente. El martes pasado, por la noche, sobre Ottawa y alrededores cayó una preciosa tormenta de nieve que nos hizo despertar con quince relucientes centímetros de suelo blanco y helado. Sara vino a mi habitación a decirme que no tendría que ir aquel día a clase. Es lo que ellos llaman 'snow day'. 
Y esta nieve nos acompañará durante un laaaaargo invierno. Deseadme suerte. 


Por lo demás, me va todo que ni pintado. Las clases, los amigos, la familia... Estar aquí es, sin duda, la mejor experiencia que he vivido durante mis dieciséis años en este mundo. 
Fui al cine dos veces (Thor y Catching Fire), y más cine está previsto para las próximas dos semanas (Frozen y The Hobbit). 
Mis notas suben, y las clases son cada vez más entretenidas. He aquí el proyecto que hicimos Madi y yo para clase de química, del que estábamos orgullosas (acabó en la basura, Madi tenía que recuperar su bol de ensalada). 


¿Qué más puedo contar? Han pasado muchas cosas, pero no creo que sean esenciales para el blog.

Tan sólo un pequeño comentario, un consejo para jóvenes soñadores, y para los que no son tan jóvenes pero que aún tienen alas para echar a volar (olvidad eso, ha sonado demasiado empalagoso):
Ser una estudiante internacional es increíble. He de reconocer que al principio, antes de venir a estas gélidas tierras, estaba asustada. Asustada ante lo desconocido. No sabía que me iba a encontrar, y me preocupaba por los detalles más ínfimos. Sobre todo, estaba asustada ante la idea de dejar mi país, mi familia, mis amigos, donde siempre me he sentido segura.
Pero sabía que tenía que irme. 
Et voilà. Aquí me tenéis en un país que se ha convertido en mi casa en poco más de tres meses. Todas mis preocupaciones se esfumaron. Ahora aquí tengo una familia, amigos, y me encuentro perfectamente.
Así que, tú que estás ahí fuera, ¡no lo dudes! Sí tienes la oportunidad, viaja, experimenta, conoce, pásalo bien. No tengas miedo a dejar a los que te quieren. Ellos siempre estarán ahí, pero tú oportunidad puede que no.
Porque Canadá, para mí, es un sueño hecho realidad. 
Y, para terminar con esta sarta de sensiblerías que me parecían importantes, quiero compartir una frase que leí en Twitter hace tiempo y que desde entonces me recuerdo a mí misma cuando estoy agobiada o veo que  me estoy estresando más de lo saludable. 

"Hoy es el mañana que tanto te preocupaba ayer."

¡22 días para Navidad! Adivinad quien la va a pasar en Toronto. 
Besos muy gordos.

martes, 12 de noviembre de 2013

Rápido, cuervo blanco a Desembarco.

Porque ha llegado el invierno, y viene para quedarse.
Hace ya un tiempecillo que no me paso por aquí. 
Tampoco ha ocurrido mucho de especial importancia. El jueves pasado la familia al completo (Sara, Richard, Liam, Carin, Portia y yo) fuimos a ver 'Bugs Bunny at the Symphony' al National Arts Centre de Ottawa. Básicamente, el show consistía en una pantalla reproduciendo episodios de Bugs Bunny y otros Looney Tunes mientras una orquesta tocaba en directo. Puedo asegurar que fue lo mejor que he visto en mucho tiempo. La música era absolutamente maravillosa, y todos hemos visto alguna vez estos dibujos, así que no hace falta que explique lo genial de tal combinación. Es algo que merece la pena ir a ver.
El fin de semana, el viernes, fui a casa de Amanda después de clase y, antes de ponernos en marcha para ir a Chapters (la librería de aquí) nos encontramos a Johannes y se nos unió también.
Lo pasamos muy bien, aunque Johannes  se perdió dos veces y Amanda y yo tuvimos que recorrer la tienda más veces de las deseadas hasta encontrarle. 

El sábado, Sandra y yo fuimos a la Art Gallery de Ottawa. Aunque al principio pensé que sería gratis, mi gozo en un pozo. Seis dólares, pero mereció la pena. El museo en sí es enorme y el edificio es precioso. Además, hay un poco de todo y para todos los gustos, arte canadiense (ojo al dato: tienen tan poco que algunas salas eran muebles. Sí, exponían muebles, como sillas o cómodas. Voy a asaltar un Ikea y a abrir un museo de arte sueco, cuidao'), arte europeo, americano, contemporáneo, ¡incluso inuit! 
La cosa es que mientras estábamos dentro del museo empezó a nevar, a nevar bien. ¡La primera nevada sobre la capital! ¡A 9 de noviembre!
Menos mal que está Tim Hortons y el French Vanilla calentito. 

El domingo fue un día relajado, ¡e hice mermelada de frambuesa y arándanos! 

El lunes, 11 de noviembre, celebramos lo que los canadienses llaman Remembrance Day. Recordamos a todos los soldados que sirvieron, sirven y servirán al país. También celebramos el fin de la Gran Guerra, hace ya 95 años. 
He de admitir que para ellos ya será algo rutinario, pero para mí fue una experiencia nueva y el acto en sí fue muy emotivo (solté alguna que otra lagrimilla).
Es impresionante ver como todo el mundo luce la poppy, como todos se ponen de acuerdo y resuelven sus diferencias para honrar aquellos que dejaron sus casas y no volvieron y también a aquellos que regresaron para contarlo, pero que ya no fueron los mismos.
Dejémonos ya de sentimentalismos, que también me gustó porque me salté Inglés y Química.
Inglés porque tenía que ensayar con el coro (sí, cantamos en la ceremonia) y Química porque el acto se ofició de diez a once y cuarto.
La banda tocó O Canada. 
Todo empezó con un discurso por parte de dos alumnos de mi curso (muy bien, Josie) y más discursos por parte de un veterano y su hijo, que había estado en Afganistán. 
Luego más música, vídeos y fotos de la Gran Guerra, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Corea y las misiones de paz en Iraq y Afganistán. 
Al final del todo cantamos nosotros. Nos salió muy bien (no es por presumir, pero sonamos realmente bien). Sin embargo, una parte de la canción era hablada y el chico encargado de ella se puso nervioso y se olvidó de sus frases. De todas maneras, estuvo muy bien y fue el broche final a una ceremonia, a mi parecer, fantástica.

Hace tiempo que no hablo de mis amigos aquí. Ya no estoy con el grupo con el que me juntaba antes, aunque a Rachel y a Pris las sigo viendo en Química. Sin embargo, ahora en esa misma clase hablo más con Robyn, que es de Texas y me ha prometido que haremos un muñeco de nieve juntas, y con Michael, del que me he hecho muy muy amiga en pocos días.
En clase de Inglés me junto con Amanda y Melissa. 
En Antropología, con Zahra y Amy.
Y en Matemáticas ya sabéis que tengo a Johannes, pero ahora me siento con Michael. 
Mis mejores amigos siguen siendo Johannes y Sandra, y una chica alemana llamada Helena de la que no sé por qué no hablé antes.
Estoy verdaderamente contenta, son todos personas maravillosas. 

Sara me va a comprar unos esquís. 

Y, por si las moscas, creó que algo de vidriagón aka obsidiana me haría falta por si empiezan a aparecer caminantes blancos.

Escribiré más si antes no me tienen que amputar los dedos. ¡Hasta pronto!


sábado, 2 de noviembre de 2013

'This is Halloween ft. Ender Wiggin.'



¡Menuda semana! Venga, a ello.
Mi Halloween empezó oficialmente el sábado pasado, cuando fuimos a Saunders Farm.
Tan sólo decir que ha estado haciendo un frío demencial. Sabía que la cosa sería al aire libre, así que me abrigué bien: jersey, chaquetón, abrigo, gorro y guantes de nieve.
Y no hice mal. Tardamos unos 45 minutos en llegar, la granja en sí estaba en medio de la nada. Bueno, granja no. Saunders Farm es una especie de parque temático basado en Halloween, con laberintos y demás.
Estuvo muy bien. El granero del terror no daba tanto miedo, Sandra y yo conseguimos llegar al centro de uno de los laberintos y yo me tiré por un tobogán. Después de hacer el imbécil durante más tiempo del necesario, Sandra perdió el iPod y tuvimos que volver sobre nuestros pasos. Dimos con él, afortunadamente.
Cuando se hizo tarde, empezaron las actividades nocturnas. En una de ellas te montabas en una especie de tractor que te llevaba por todo el campo mientras te daban sustos, y otra consistía en un campamento a modo de pasaje del terror en el que el tío de la motosierra estuvo persiguiéndome durante media hora. No era necesario, gracias.
Culminó todo con un espectáculo y fuegos artificiales.
Todo el mundo se quejaba de que hacía demasiado frío.
Adivinad quién no tuvo frío.
Exacto: yo y mis guantes de nieve.


La semana en el colegio fue interesante. El jueves, Halloween, todos fuimos disfrazados. Sara me prestó un disfraz de esqueleto y me maquilló. Al final del día mi pintura facial estaba gravemente perjudicada. El miércoles por la noche Sara y yo habíamos estado haciendo un pastel para mi clase de inglés. Consistía en una tarta de chocolate, con covertura de pudin de vainilla y galletas oreo, con gusanos de gominola porque ¡Halloween! La tarta triunfó. En clase de inglés no la acabamos porque todo el mundo había traído muchísima comida. Pero mi clase de química se encargó de ello. Y todos me dieron las gracias tantas veces que parecía que había acabado con el hambre en el mundo.


Ese día fue genial en el cole. Todo el mundo vino con su disfraz, incluidos profesores, y he de admitir que algunos estaban muy currados. El año que viene instauro la costumbre en España. 


La tarde de Halloween resultó ser una de las más lluviosas del mes. Vacié mi primera calabaza y le hice una cara muy graciosa pero que Portia no paraba de criticar y a la que pintó dos bonitas cejas.
Apenas cinco o seis grupos de niños vinieron para truco o trato. Más chocolatinas para nosotros.
Fue un Halloween excelente, para seros sincera.

Pero el mejor día de la semana fue, sin duda, el viernes.
1 de noviembre. Estreno de 'El Juego de Ender'. Johannes, Sandra y yo ya habíamos hecho planes para verla aquella tarde. Yo estaba tan emocionada que apenas cabía en mí.
Encima, era el día de ir en pijama al cole. Sí, señoras y señores me pasé el día en pijama y pantuflas. Y no sólo en el cole. También luego cuando fuimos a dar una vuelta al centro. Y luego cuando fuimos al cine.
Ir al cine en pijama es algo que hay que hacer por lo menos una vez en la vida.
Johannes me compró palomitas y Coca Cola, y yo llevaba el chocolate que había sobrado del día anterior.
Estábamos más que preparados.
En cuanto a la película: sin palabras.
Diferente al libro, sí. Pero igualmente espectacular. Un gran trabajo que merece la pena ir a ver.
Grandes Asa y Hailee.

Y eso es un resumen de todo lo que ha pasado últimamente. Decir también que tengo más amigos y que ya me he hecho mi huequito por aquí.
Las cosas no pueden ir mejor.
Espero que a vosotros os vaya todo espectacularmente también.

¡Escuadra Dragón!


miércoles, 23 de octubre de 2013

«This is Capone rapping and I'm capping this Captain, capisce?»

¡Happy mole day!
Sí señoras y señores, hoy, día diez de octubre, es el día del mol (véase número de Avogadro: 6.02 x 1023)
Para celebrarlo, nuestra profesora de química trajo a clase una especie de postre con la forma de la tabla periódica. Yo me comí un buen trozo de yodo y otro de estroncio. Y, de beber, ¡un mol de agua! (que no es demasiado, todo sea dicho).
Estoy todo el rato comiendo, y, si antes sólo lo hacía en mi tiempo libre, ahora también me alimentan durante las clases.
Esta semana es semana de Book Talks en clase de inglés, y la profesora nos sugerió que llevásemos comida, así que todos los días ha habido porquería: palomitas, patatas, cupcakes, brownies...
Por si esto fuera poco, convencimos a la profesora de que celebrar Halloween en la clase viendo una película de miedo sería ideal, y eso haremos el jueves.
Sí, lo habéis adivinado. Cada uno tendrá que traer algo de comer para la clase.
Hablando de Halloween y ya que se acerca esa fecha tan esperada, el sábado me toca Saunder's Farm, una actividad con todos los estudiantes internacionales que no tengo ni idea de en qué consiste y por la que he pagado cuarenta dólares, así que espero que sea buena.
Rematemos la entrada con la canción que estamos preparando en coro para un concierto cercano.





«Tell South Carolina Blackbeard got Capwned.» 

domingo, 20 de octubre de 2013

Mi vida carece de sentido.

Sí, he acabado Breaking Bad. Siento un vacío en el pecho.
Afortunadamente, Carrie Anne Mathison aka 'estoy para que me aten' ha vuelto para llenarlo.

Y, después de mucho tiempo y de muchas cosas ocurridas que la verdad me da demasiada pereza contar, vengo a mostraros la foto que representa con total veracidad mis días y noches en Canadá.

sábado, 12 de octubre de 2013

O Me! O Life!

¡No, no he muerto! Es sólo que, conforme se normaliza mi vida aquí, no encuentro nada de especial relevancia que contar, y estoy advirtiendo que los lapsos de tiempo entre entrada y entrada cada vez son más largos.
¿Es esto algo malo o bueno?
Han pasado varias cosas, y destacaré alguna que otra para que veáis que aún me intereso por este blog y que no he abandonado mi vida a ver Breaking Bad y comer Reese's y Beaver Tails. 
¡Por fin estoy en Vocal Connections! La verdad es que estoy entusiasmada. Ya tenemos planeados algún que otro concierto y vamos a empezar a trabajar con las canciones la próxima clase. El grupo de gente que va conmigo parece muy abierto y divertido, y se ganaron mi corazón cuando una de las chicas allí presentes comenzó a cantar 'Do you hear the people sing?' a todo pulmón.
Avanza el curso, y me veo hasta arriba de exámenes y trabajos que entregar. Afortunadamente, este fin de semana es largo. Ayer, viernes, no hubo clase, y el lunes tampoco tenemos que ir al cole.
¡Oh, se me había olvidado! Es que es Acción de Gracias. Este año vamos a comer pavo como la típica familia canadiense básicamente porque le regalaron uno a Sara cuando se gastó 150 dólares en Superstore. Que si no, no hubiera habido Thanksgiving que valga. Los padres de Sara son británicos y, en palabras de Richard "yo soy inglés y no tengo que dar las gracias por nada." 
Ah, no os lo había dicho, pero estando en Canadá estoy descubriendo la gastronomía británica. 
He salido más veces por Ottawa. Pronto será Halloween, y aún no tengo plan alguno. Mi yo interior sigue albergando la esperanza de que algún alma caritativa me invite a una fiesta en el último momento. No creo que esto pase, pues, no se si lo he dicho ya, y si lo he hecho, pues repito, los canadienses son bastante reservados y no muy abiertos. No puedo negar que sean extremadamente agradables y educados, que lo son. Pero, aunque sean amables contigo, va a ser muy difícil que te vean como a un amigo. Es una de las cosas con las que más me está costando lidiar, pues es bien sabido que en España solemos ser más abiertos en estos temas y a las dos horas de conocer a una persona ya le invitamos a café.
Es verdad que hay excepciones, siempre las hay, y que no puedo generalizar de esta manera, pero es la impresión que tengo desde que estoy aquí.
También he llegado a la conclusión de que eso de estar tan gordos no se debe sólo a la dieta, si no al hecho de que no se mueven. Harán mucho deporte y todo lo que queráis. Pero las calles están vacías. Puede hacer un tiempo espléndido para pasear, que ellos cogerán el coche para ir a cualquier sitio que esté a más de treinta segundos andando.
Estoy de nuevo generalizando, perdonadme. A otra cosa mariposa.
Las clases me van bien. Johannes me compra todos los días una galleta en la cafetería (no os podéis imaginar lo buenas que están esas galletas).
Creo que ya hemos abandonado la etapa de poesía en clase de inglés, por fin. 
JURO QUE WALT WHITMAN ME PERSIGUE.
Hemos empezado con el estudio de una novela. Sí, lectura obligatoria. Tengo que abandonar mi aventura con los Episodios Nacionales para enfrascarme en 'The Kite Runner' y responder a un puñado de preguntas cada cinco capítulos.
No sé qué más contar. 
Sí habéis aguantado hasta este punto que sepáis que os dedico el soneto XVIII de Shakespeare porque sois una delicia de personas. 
Aquí me despido y creo que, de un modo u otro, he cumplido.

Que tengáis una buena línea. 



lunes, 30 de septiembre de 2013

Hakuna matata means no worries for the rest of your days.

Estoy haciendo pereza. Últimamente no he escrito mucho, así que allá vamos.
¿Os acordáis de que os dije que me iba a unir al coro de mi instituto?
Pues bien, la profesora me había citado el miércoles a la hora de la comida en la sala de música, y ahí me planté yo en cuanto sonó la sirena.
Bien, pues nadie apareció. Podéis aplaudir. Eso sí, Sandra y yo nos pasamos la hora haciéndonos fotos. Porque nos gusta contribuir a la sociedad.
El fin de semana fuimos a Toronto a ver el musical de Shrek. Nada, cinco horas de viaje de ida el sábado por la mañana y otras cinco para volver el domingo.
Nos quedamos en la casa de la madre de Sara y su novia, un apartamento a las afueras de Toronto.
No salimos, tan sólo para el musical, porque Portia sigue en muletas, ma pouvre.
Fue gracioso. "Una hora se tarda. Con que salgáis a las seis y media, llegáis de sobra". No confiéis en los cálculos de las señoras de setenta y cinco.
El tráfico en Toronto es lo peor. Y, llevándonos al metro, la madre de Sarah se perdió.
Añadamos a este suceso desafortunado el hecho de que tuvimos que coger el metro y dos autobuses con Portia tullida.
Muy cómico.
Redoble de tambor porque llegamos al musical cuarenta minutos tarde.
Sin embargo, estuvo muy bien, creo que todo el mundo sabe que adoro el teatro y más si es musical, así que disfruté como una cría.
Al salir, aleluya, nos llevaron a casa en coche y pasamos por Wendy's porque Portia y yo nos moríamos de hambre.
La mañana siguiente puede resumirse en mucha gente, brunch, televisión, mucha comida, tres tazas de café y Portia y yo cantando mientras ella tocaba la guitarra porque ya no sabíamos que hacer con nuestras vidas.
Otras cinco horitas de vuelta.
Al llegar no hice nada porque, ya me conocéis, me gusta aprovechar las horas.

Qué he aprendido de este fin de semana: Canadá es enorme. Pero no os lo podéis imaginar.

domingo, 22 de septiembre de 2013

WHAT DOES THE FOX SAY

ring ding ding ding dingeringering

Aaron Paul

¡Buenas noches! Hace una semana que no os ponía al corriente de mi vida canadiense.
Pues bien, estos últimos días han sido, cuanto menos, interesantes.
Lo primero y esencial: he hecho amigas canadienses.
Me decidí por tomar la iniciativa y he encontrado un grupo de chicas encantadoras que nos han "adoptado" a Johannes, a Sandra y a mí. Se llaman Priscilla, otra Priscilla, Rachel y Amanda. Además, empiezo a notar que me integro en las clases. La gente me sonríe; "¡Ey, qué mona vas!" "¡Me encanta tu camiseta!" Son pequeños gestos (un comentario, un saludo, una sonrisa) que para ellos serán poca cosa pero para mí significan un mundo.
Cada vez me encuentro más a gusto aquí. Hizo un tiempo estupendo toda la semana, de ir en tirantes. El sábado amaneció lloviendo y no paró hasta la madrugada del domingo, doy fe.

¡El miércoles empiezo el con el coro! Es un club a la hora de la comida y se llaman 'Vocal Connections.'

Y el viernes me voy de fin de semana a Toronto a ver un musical y un museo que al parecer es el más grande de toda Canadá.

Son los premios Emmy esta noche. Tengo el corazón dividido. Cuando me levante mañana, a ver con lo que me encuentro.

Señor qué genial es Breaking Bad.

Hasta pronto.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Frío de septiembre y colas de castor

Tercer fin de semana en Canadá, de vuelta al centro de Ottawa. Ya se empieza a notar el fresqui, vaya que sí.
Lucas y yo gastamos una hora de nuestro tiempo tratando de encontrar unos vaqueros porque no éramos capaces de aclararnos con las tallas. Y encima, el empleado metiendo prisa porque cerraban. A las seis de la tarde.
Nos pasamos por el Parlamento, que es muy bonito, y luego fuimos a cenar a nuestro restaurante italiano favorito.
Lo mejor del día fue probar la Beaver Tail, un dulce típico. Me pedí "La Avalancha". Aquella cosa, que parecía tener más calorías que nada que hubiera probado jamás, estaba tan deliciosa que alguien debería ilegalizarlas. Lo juro.
Propongo traer el negocio a Madrid. Una rica Beaver Tail para acompañar con la relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor.

Sorpresa, hice fotos.
Jajajaja no. Las hizo Lucas y me las pasó. Pero cuenta.

jueves, 12 de septiembre de 2013

El Diluvio con mayúsculas y cosas varias.

Salí esta tarde del instituto tan contenta (habíamos estado viendo en clase de Antropología un video de chimpancés, que son adorables y muy graciosos *giggles*) y el cielo estaba tan oscuro que creía que se acercaba el Apocalipsis. Johannes estaba encantado con la tormenta que se nos venía encima, yo me dediqué a repetir lo mucho que me disgustaba la lluvia, mientras deseaba con todas mis fuerzas que no empezara a llover antes de que yo llegara a casa.
Odín, dime en serio si he hecho algo mal. Porque en cuanto di unos pasos justo después de despedirme de Johannes, empezaron a caer las primeras gotas.
Maldiciendo por lo bajo, aceleré el paso, pero lo peor estaba por llegar.
A unos diez o quince minutos de llegar a casa, me cayó encima la tromba de agua del milenio.
No exagero. Jamás había visto yo tantísima agua junta.
Y, por supuesto, todos esos litros de agua me estaban cayendo a mí encima. En medio de la carretera, sin ningún sitio donde refugiarme. No pasaban coches, no vi a nadie, y la lluvia era tan fuerte que pensaba que el mundo estaba llegando a su fin.
Seguí caminando, calada hasta los huesos como nunca. Ya me daba igual la lluvia. Estaba tan mojada (no os podéis hacer a la idea) que ya ni me molestaba.
Cuando llegué a casa, dejó de llover.

Vivan los niños pijos de provincia. Mi amigo de Burgos me ha preguntado cuántos en mi clase habíamos decidido estudiar un año fuera. Se extrañó de que yo fuera la única. Siete de sus amigos estaban en EEUU, Canadá, Irlanda, UK... Yo le expliqué que yo venía con una beca, y que si no no hubiera podido permitirme pagar lo que costaba el curso. Y mis amigos tampoco podrían permitírselo. Él no dijo nada.

Me da una rabia tremenda. A lo mejor estás leyendo esto, Asier, así que espero que lo entiendas.

Qué mal repartido está el mundo.

Sigo sin tener amigos, pero una chica en mi clase de Antropología es super alegre y entusiasta, y me cae muy bien. ¡Se llama Brittany!

lunes, 9 de septiembre de 2013

«Fine, starve, see if I care.»

Estresadita que me tienen.
De verdad que ellos no se hacen a la idea de lo diferente que es todo en España.

Menos una chica con aspecto de rinoceronte que en clase de francés me preguntó si en mi país "no era todo mucho más viejo".
Vamos, que creía que seguíamos viviendo en cuevas recolectando fruta y dedicándonos a la caza.

Afortunadamente, todos a su alrededor la miraron como si acabara de soltar una barbaridad, así que supongo que no todos los canadienses son así de ignorantes.

Me estoy yendo por las ramas.
Lo que quiero tratar en esta entrada es básicamente el tema de mi adaptación. Va a ser muy lenta, os lo puedo asegurar.

Sigo trastocada con las malditas comidas, lo digo en serio. Desayuno.
A la hora de comer "si tienes hambre, te cocinas algo."
La cosa es que sólo se hacer sándwiches y sólo tengo jamón york.
Vivan los sándwiches de jamón york (absténganse de comentarios).
Así que no como nada hasta la cena. A lo mejor pico algo y me siento culpable.
Todo lo que hacen de cena es delicioso, ¿debería preocuparme?

Otra vez me trastocan el horario. Al final decidí cambiar mi clase de francés y eso ha hecho que todas las demás asignaturas se vieran afectadas y tuviera que hacer muchos cambios y clases nuevas y ah.

Ya os dejo de dar la lata. Como no todo el mundo va a la misma clase como en España, a lo mejor en mi clase x no conozco a nadie y cuando salgo para tomar el lunch quiero juntarme con mis amigos pero no sé donde están y tengo que vagabundear por el edificio en su busca.

Ya sé volver a casa sola y me apaño con la colada.

Me quejo, pero la verdad es que estoy bastante bien, si no fuera por mi necesidad imperial de hacer amigos.

Gente de mi clase, quiero socializar. Puede que los españoles aún cacemos mamuts, pero en el fondo somos buena gente.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Más perdida que Jon Nieve el día de la madre.

Mi sentido de la orientación ha sido penoso desde que alcanzo a recordar. Y claro, me pasan cosas como esta.

Cuando llegué a mi primera clase de química del semestre (tarde, como ya sabéis, por todo lo ocurrido con las orientaciones bla bla bla) ya habían hecho un experimento en el laboratorio.
Al día siguiente había que presentar un informe, escrito por ordenador.
Ya me había preocupado bastante, así que simplemente le pregunté a mi profesora (todos los profes aquí son encantadores y aún más si les dices que eres extranjero) qué debía hacer yo.
Me propuso quedar al final de las clases de aquel día para que yo realizara la práctica y pudiera redactar mi informe.
Así que le escribí un SMS a Richard explicándole la situación y me dijo que él me recogería en coche.
Y tan contenta(bueno, contenta no, no tenía muchas ganas de quedarme más horas después de clase, pero qué remedio).
Así que fui a mi clase de química al sonar la sirena y la profesora me informó de que otros dos estudiantes tampoco habían hecho el pequeño experimento y que había retrasado la cita para el día siguiente a la hora de la comida.
Perfecto. Mensaje a Portia para que no se fuera sin mí.
Tarde.

Vamos a ver, es que yo no sabía volver a casa andando.
Es decir, fijáos si soy pésima orientándome que desde que entré al instituto siempre me acompañan de clase en clase. Juro que el día que me dejen sola no llego a tiempo.
No sabría encontrar mi taquilla.

Mensaje a Richard. Me explicó por SMS la manera de volver a casa. Sólo había hecho ese camino una vez, y aunque me había esforzado por recordarlo todo, inevitablemente las calles de casitas me parecían exactamente iguales las unas a las otras.
Me equivoqué de cruce.
Buscaba la calle St George's, y seguía andando, andando, y a la maldita calle no le daba la gana hacer acto de presencia.
Entonces es cuando llegué al Quickie (una tienda de estas 24 horas) y supe que estaba completamente perdida. Llamé a Richard.
Ni aún así.

Sí, señoras y señores, tuvo que venir a buscarme en coche.
Di más vueltas por el barrio de las que puedo recordar.

Espero que no vuelva a ocurrir.

¿¡Quién tiene hambre para el maldito lunch a las once y media de la mañana?!

miércoles, 4 de septiembre de 2013

¡Miércoles, juega con tu comida!

Por si os lo estábais preguntando, el título de la entrada es totalmente aleatorio.
Hoy ha sido miércoles y siempre me ha hecho mucha gracia la familia Adams.

Al lío.
¡Primer día de clase!
Me levanté a las cinco de la mañana de lo nerviosa que estaba.
Mi cita para la orientación/aún más papeleo/elige tus malditas asignaturas de una vez, supuestamente, era a las ocho y media.
¡Una aplauso a la increíble organización del distrito escolar!
Llegué con Richard tan alegre (tenía que ir acompañada de un adulto) y van y me dicen que hasta las diez de la mañana, nada.
Odín estaba claramente en mi contra.
Así que viva mi buena suerte. ¡Día de llevar a tu estudiante extranjera no escolarizada al trabajo!
Richard me llevó a su oficina y para matar el tiempo me  hizo un truco de magia. Un truco de magia.
Y me presentó a sus compañeros, muy majos por cierto.
Por fin, a las diez, pudimos hablar con la subdirectora de mi centro y me ayudó a elegir asignaturas.
Luego le tocó el turno a mi orientadora y rematamos el horario.
Aquí en Canadá, las cosas funcionan de esta manera: tienes ocho asignaturas, cuatro por semestre.
El primer simestre, sin posibilidad de cambio, tengo Matemáticas, Francés, Química e Inglés.
Ya hablaremos del segundo semestre en su momento.
Son muy raros para eso de los horarios, por cierto. Es complicado y como empiece a explicarlo esto se va a alargar más que los capítulos en Los Miserables sobre el sistema de alcantarillado parisino.
Cuando por fin tuve en mis manos el preciado folio donde estaba impreso mi horario casi me echo a llorar.
Vale, no. Pero no os podéis imaginar el alivio que sentí.
Me preguntaron si quería esperar al día siguiente para empezar las clases.
Sí, y qué más.
Empecé en cuanto acabó la hora de la comida.
Una horita de matemáticas y otra horita de francés.
Creo que me voy a cambiar de clase de francés, pero aún no estoy muy segura.
Muchos de mis compañeros en esa clase no sabían ni decir la fecha.
Por el contrario, temo que inmersión francesa acabe conmigo.
Y para eso ya tengo Química y Matemáticas.
Sandra es mi amiga mexicana y Johannes mi amigo belga y de momento las cosas están así. Pero muy bien. No estoy sola y Portia me acompaña a todas las clases y me espera a la salida de éstas para que no me pierda en los pasillos llenos de gente.
Aún estoy decidiendo qué hacer con mi taquilla.

Por la tarde fui a comprar material para mis clases y todo es carísimo. Me dolió soltar hasta el último centavo (pagué con tarjeta, pero, ah, eso ha sonado taaan americano).

A la hora de la cena me equivoqué de lata: creyendo que estaba cogiendo Coca Cola light, me encontré con el peor refresco que he probado en la vida.

Sabor pasta de dientes. Lo juro. Era como beberse la maldita pasta de dientes.

Me voy a ir pronto a dormir.

martes, 3 de septiembre de 2013

Pican pican los mosquitos...

Dejadme en paz ya, malditos bichos.
Ni una picadura en España y tenéis que venir aquí a tocarme las narices.
Me picaba el brazo y decidí que escribir esto era imprescindible.
AY AY AY
Tengo que hacer algo con mi vida inmediatamente.

Dándonos a conocer.

Pues bien, el viernes tuvimos un problema con una compañera cuya host family se había olvidado de ella.
Es broma, Cris. Claro que no se habían olvidado de ti... Claro...
Bueno, vale, ya. Gracias a mi nueva tarifa de móvil (todo gratis por cortesía de Richard) pudimos contactar con su hermana canadiense. Sin embargo, tuvimos que esperar en el coche una hora...
Llovía y hacía un calor espantoso que se te pegaba a la piel. Aquel día odié Ottawa con todas mis fuerzas.

Sábado. Fui con Sara a hacer la compra. Canadienses, americanos, gente de ahí fuera: deberíais comenzar a replantearos vuestra dieta. No sé como podéis quejaros de vuestros problemas con la obesidad vendiendo botes de ocho litros de ketchup y la fruta en mal estado a unos precios desorbitados.
¿Pescado? ¿Qué pescado?
En fin, se avecinaba una tarde aburrida, así que un amigo español y yo decidimos salir a conocer la ciudad.
Tomamos algo, paseamos, y la capital me causó mucho mejor impresión que el día anterior.
Visitamos un centro comercial y una librería.
LOS LIBROS SON UN CRÍMEN LO CAROS QUE SON. Y SI QUIERES COMPRARLOS EN FRANCÉS MEJOR NI HABLAMOS (bilingües las narices).
Después de salir de la librería algo decepcionada, llegamos a una calle con mucho ambiente llena de restaurantes y cenamos en un italiano (más pizza, habéis acertado). Dimos una vuelta por Ottawa de noche y la verdad es que me encantó.
Es una ciudad que merece la pena, lo digo en serio.
Volví a casa tan contenta.
Los siguientes tres días los pasé en casa deambulando y perdiendo mi tiempo indefinidamente; comiendo lo que seguramente no debí comer (otra vez) y escribiendo porque no tenía mucho más que hacer.
El lunes cayó la tormenta del siglo y Sara y yo nos pasamos la tarde viendo musicales en la televisión.

No me creo que vaya a decir esto, pero por favor, que empiecen las clases ya.

Aquí me despido. Oficialmente la aventura comienza mañana, woooho!



La pereza me puede.

Ayer dije que subiría más entradas. Y bien, algo tarde y muy apurada de tiempo porque mañana empiezo el instituto, aquí estoy de nuevo.
Para resumir un poco, el viernes hicimos un examen de cinco horas de inglés y matemáticas.
El de inglés fue bastante bien, hubo tres partes: una redacción, un texto con preguntas y un examen de conversación.
El problema vino con el de matemáticas. Como se habían entretenido más de la cuenta con las entrevistas, tuve apenas cuarenta minutos para hacer un examen de seis caras.
No voy a mentir, no era difícil. Es más, todo lo que ahí me preguntaban lo había dado yo este curso pasado.
Pero resulta que, gracias al verano, mi mente había decidido, de un plumazo, borrar todos y cada uno de mis conocimientos sobre matemáticas.
¡Que se me daba bien la trigonometría! Sí, hace seis meses se me daba de maravilla.
Así que sí, todo bastante catastrófico.
Pero, suerte la mía, todos los españoles de la beca destinados al mismo distrito estaban allí conmigo, y pudimos aliviar tensiones y reírnos un rato.
Después del examen, tuvimos una pequeña orientación y la comida (juro que me va a salir la pizza por las orejas).
Nos dieron a cada uno un papel donde figuraba la fecha en la que debíamos asistir al instituto por primera vez para elegir asignaturas, horarios, bla, bla, bla.
Yo era la única cuya cita era el 4 de septiembre.
Las clases empezaban el 3.
¡Estupendo!
Pero no me desanimé.
Al fin y al cabo, no era culpa mía, que lidiaran ellos con mis problemas de adaptación.
Quiero seguir escribiendo sobre mi primer fin de semana canadiense, pero lo haré en otra entrada.
¡Juro que me voy a poner las pilas con esto!
Cuando lo acabe, me lo van a publicar. Já.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Wipe off that angel face and go back to high school...

Los canadienses son canadienses y orgullosos están de serlo; pero, ea, están rodeados de americanadas.
El instituto. Fui a una pequeña orientación el jueves por la mañana.
Ahora bien, imagináos el típico instituto de las pelis, con taquillas, clases materia y grandes aulas dedicadas a distintos talleres; teatro, arte, cocina, cafetería, autobuses amarillos...
Calcado.
"No, es que nosotros somos NORTE americanos. No tenemos nada que ver con nuestros vecinos. Ew. Qué ofensa."
¿En serio? ¿En serio?
Pero no lo pongamos todo en su contra. Los canadienses son muy buena gente.
En esta orientación nos reunimos en el gimnasio todos los alumnos nuevos que íbamos a estudiar este año en el Sir Wilfrid Laurier. Una chica muy maja llamada Han que acababa de graduarse, fue la que se encargó de mi grupo, los de undécimo.
Hicimos pequeñas actividades entre nosotros, y pude conocer a una chica mexicana, a un paisano de Burgos, a un chico belga...
Muy internacional todo, muchas risas y tal hasta que llega la hora de repartir horarios y... ¡tachán!
Irene es la única cuyo horario está totalmente en blanco.
Imagináos mi sorpresa y la cara de atontada que se me debió quedar.
Dejadme explicaros: yo sabía perfectamente que mi horario estaría vacío, aún no me habían pedido que eligiera asignaturas.
Lo que me chocó fue que todos a mi alrededor ya lo habían hecho. Allí estaba yo, con mi papel vacío, y fui a hablar con la monitora y con Han.
Muy amablemente, una chica de mi curso, Sabrina, se ofreció a acompañarme a secretaría (o lo que fuera) para averiguar qué narices había pasado conmigo.
La cosa era esta: al día siguiente debía hacer un examen (tranquilos, ya sabía que tenía que hacerlo), y según mis resultados podría elegir unas asignaturas u otras. Hasta entonces, rien de rien.
Me dijeron que seguramente no podría empezar el curso el día 3, como todo el mundo, y aunque me aseguraron que no había ningún problema, yo me empecé a preocupar. Llegaba nueva, extranjera, y encima a destiempo. Yupi.
Afortunadamente, Sara llegó y se las arregló para que pudiera elegir unas asignaturas provisionales y así no quedarme sin plaza. Tendría que empezar después igualmente, pero me quedé más relajada.
De vuelta a casa, me dio ánimos para que no me pusiera nerviosa con el examen del día siguiente, y que seguro lo haría de maravilla.
Como podréis averiguar, no me fue de maravilla.
Creo que ya he escrito bastante. Me veo con muchas cosas que contar y poco tiempo, así que subiré otra entrada más tarde. xx.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Ottawa, finally!

Cinco y media de la tarde del día 28 de agosto de 2013. En el aeropuerto me espera Carin, la que será mi hermana canadiense durante estos diez meses.
¡Qué emocionante!
Vino a por nosotros en coche Richard, el padre.
Hicimos una visita rápida al Tim Hortons (que al parecer aquí es extremadamente popular) y luego paramos en Walmart, que era enooooorme.
Cuando llegué a mi nueva casa, a las afueras de la capital, por fin pude descansar como es debido, que me lo había ganado.
La casa me encanta, no es muy grande pero es acogedora y mi habitación es muy mona y está muy bien decorada.
Vale, no voy a mentir, con la televisión de 3D de tamaño inimaginable y todas las series y películas que me gustan guardaditas en una carpeta, me conquistaron.
Conocí a Sara, mi mamá canadiense, y a mi otra hermana, Portia, que acababa de volver de trabajar porque al parecer aquí todos los adolescentes trabajan.
Al día siguiente, una vez instalada y con la cabeza despejada, tuve mi orientación en el instituto, y ahí las cosas se complicaron un pelín.
Prefiero hablar de ello más tarde.

Gracias por aguantarme.

sábado, 31 de agosto de 2013

Mi Odisea particular.

Como ya he dicho, a las tres y media de la mañana nos fuimos para Barajas en autocar. Una vez en la terminal 2, nos pusimos en la cola para facturar nuestras maletas.
¡Y vaya cola! Cogíamos el vuelo a Ámsterdam todos los que íbamos en el primer vuelo a Toronto y los que iban en el de Vancouver.
En resumen, éramos muchísima gente y yo, como de costumbre, acabé última en la fila.
Aunque algunos tuvieron problemas con el peso, todos conseguimos facturar-¡aleluya!-antes de que despegara nuestro avión.
No fue un vuelo largo. Ya que no había descansado nada antes de partir, me dediqué a dormitar durante aquellas dos horas y media y cuando estuvimos en el aeropuerto holandés no podía con mi alma. Juro que con mi aspecto podría haber pasado por un figurante de The Walking Dead.
Sin embargo, una vez aterrizados no hubo mucho tiempo para contemplaciones. Teníamos una hora para atravesar todo el aeropuerto, pasar policía y seguridad y coger el avión a Toronto.
Afortunadamente, aunque yo no las tenía todas conmigo, llegamos a tiempo.
El avión era enorme, pero no lo bastante como para evitar que me muriera de asco durante las ocho horas y pico que duraba el vuelo.
Me dediqué a empezar películas que nunca acababa, a intentar dormir, a hablar con mis compañeros...
Y las azafatas no dejaban de traer comida. Básicamente por puro aburrimiento, comía todo lo que me traían. Me comí todo lo que no debía a las horas que no debía.
Cuando puse los pies en territorio canadiense, tenía ganas de vomitar.
Estaba agotada, pero de repente, ¡sorpresa! volvía a ser la una de la tarde.
He viajado en el tiempo.
Y así me encontraba yo, medio enferma, nerviosa, cansada y esperando en inmigración.
No sería más de hora y media lo que estuvimos allí sentados.
La hora y media más larga de mi vida.
Después de eso, cogimos las maletas para volverlas a facturar para nuestro vuelo a Ottawa.
Seguía sintiéndome mal, pero poco a poco mi estómago se asentó y todo se solucionó cuando descubrí que podría ver El Gran Gatsby durante mi vuelo.
Se hizo muy ameno y en nada estaba en Ottawa.
Puede que no parezca nada resumido en unos cuantos párrafos, pero os aseguro que no tengo muchas ganas de repetir.
Mañana empezamos con la familia y mi nueva vida canadiense.
Todo acaba de comenzar.

La pasta vegetariana empaquetada está buena.

viernes, 30 de agosto de 2013

Todo empieza en Madrid.

El lunes 26 de agosto me dirigí, junto a algunos de mis Spanadians, al NH Parque Avenida, en Madrid.
¡Dos días en un hotel antes de irnos sin sentido alguno! Al principio fue eso lo que pensé. Me iría a Canadá, y me quería ir cuanto antes. Para colmo, nuestros padres no podrían despedirnos en el aeropuerto.

Al final aquellos dos días resultaron maravillosos. Se hizo corto, pero fue intenso.
Pude conocer a mucha gente increíble con la que compartiría experiencia y pudimos darnos ánimos entre nosotros antes de comenzar la gran aventura.
El primer día, justo después de llegar, pudimos bajar a la piscina mientras esperábamos a que todos nuestros compañeros llegaran desde sus diferentes destinos en el territorio español.
Como ya he dicho, fueron apenas unas horas (porque no dio para mucho más) las que estuvimos juntos, pero me di cuenta de todo lo que tenía en común con toda esa gente y lo genial que es conocer chicos como yo de todas partes de España.
Sin embargo, también hubo una parte mala, que se resume en reuniones de más de dos horas que más que servirnos de ayuda nos servían para ponernos aún más nerviosos.
Haciendo honor a su nombre, gracias a Amancio Ortega, todo fue increíblemente pijo y muy de señoritingos.
Fotógrafos, carpas para nosotros solos dentro del hotel, ¡incluso compartimos una comida con el embajador canadiense!
Mucho discursito y regalitos, pero el día 28 a las tres de la mañana tenía que estar en recepción para coger mu avión.
Pero dejemos el tema del viaje para otra ocasión.

Para animaros a continuar, tan sólo decir que fueron tres aviones y que una que yo me sé casi fallece esperando en inmigración.

jueves, 29 de agosto de 2013

Vayamos por partes.

Y no nos agobiemos. Han pasado mucha cosas muy emocionantes y nuevas desde que escribiera la última entrada,  y ya que no quiero saltarme nada para que estéis bien informaditos, durante este fin de semana publicaré entradas sobre todas las cosas por la que he pasado. El miércoles empiezo el instituto, espero teneros actualizados para entonces.
*wink* BBBBBBBBBBYEEEEEEEEEEEEEE

jueves, 22 de agosto de 2013

Ahora es cuando de verdad me gustaría ser Mary Poppins.

Además de porque con ese paraguas podría llegar en Canadá en un pis pás, por ese bolso tan maravilloso que no tiene fondo.
Porque explicadme, por favor, como puedo arreglármelas con una maleta de veintitrés kilos para diez meses fuera.
Ya he empezado, ¡al fin! Me quedan aquí cuatro días de nada.
No sé que llevarme y qué no. ¡Es que hace tantísimo frío! Nada de abrigo, que ya me lo compraré allí. También tengo la idea en mente de hipotecar a mi madre para que me compre unas preciosas botas que, además de ser femeninas, no me hagan parecer que me voy de alpinismo al Everest y me mantengan los pies calentitos.
¡Cuidadín! Que eso de que te tengan que amputar los dedos no es tan raro.
Si pasa algo, espero que no sea el pulgar, no quiero quedarme coja para toda la vida.
Mejor el meñique, que sólo sirve para golpearse contra los muebles.





martes, 13 de agosto de 2013

Aquí estamos.

Y, para ser más exactos, son 5696 kilómetros. Debería haber creado esto antes, pero, seamos sinceros, es verano y mis ganas de empezar nada eran nulas. Y, bueno, quedan días contados.
¡Que me voy a Canadá! No estoy nerviosa porque creo que aún no lo he asimilado. Mi yo interior no está plenamente convencida de que en 12 días (¡12 malditos días!) me vaya a ir a Ottawa un año entero.
Pues, subconsciente, vete haciendo a la idea.
¡Emoción, intriga, dolor de barriga! Diez meses. ¡DIEZ MESES!
Si es que en el fondo soy una valiente.
Aún no he empezado la maleta. Y en el fondo no quiero empezar.
Vale, ¿he dicho que no estaba nerviosa?
Mentía. Escribir esto me va a provocar una taquicardia.

Para resumir, en este blog contaré como me va yendo la aventura. Procuraré ser correcta teniendo en cuenta de que mi familia va a leer esto. Familia, si se me escapa algo poco adecuado, ¡lo siento! Os voy a echar mucho de menos.

Amigos queridos, no me extrañéis demasiado. Sé que soy irreemplazable, pero mandaré regalos-¡lo juro! Queredme.

Spanadians, días para conocernos. No nos hemos visto aún los caretos, pero somos como una gran familia. Hay que apoyarse los unos a los otros...

No os fiéis de los alces.

Buenas noches.